Los grandes temas sobre Jumilla que ocupan la prensa de las últimas décadas del siglo XIX son: la naciente industria del vino, los montes públicos, la explotación del esparto, y también, por supuesto, la política. En nuestra exploración sobre José María Martínez Iñiguez (tras la publicación de su novela de 1863) hemos encontrado algunos datos interesantes. Iñiguez debía ser una persona de gran energía que contribuyó a realzar nuestra Semana Santa, con el Prendimiento, la entrada de Jesús el Domingo de Ramos, y escribió el bello poema sobre las Siete Palabras de Jesús en la Cruz. Pero era también activista político en Jumilla y en Madrid, claramente alineado entre los más progresistas de la época y republicano.
En la proclamación de la Primera República (1873) y en la declaración del Cantón de Jumilla, Iñiguez y sus compinches tuvieron seguramente algo que ver. Pero no lo podemos afirmar con rotundidad porque se ha perdido la memoria de aquel momento. Poco después se inició la Restauración con la Constitución de 1876 en la que Cánovas del Castillo tuvo un papel protagonista. Cánovas era yerno del Barón del Solar de Jumilla, y el Barón era parlamentario por Murcia en Madrid y jefe indiscutible de las fuerzas conservadoras en Jumilla. Frente a la molesta oposición de los progresistas en Jumilla, el Barón se ocuparía de rechazar todas sus propuestas y también de borrar su memoria.
Cualquier elección al parlamento de Madrid era un momento de tensión en el que los conservadores querían ganar por todos los medios a los progresistas. Un episodio muy interesante fue la diatriba por el recuento de votos tras unas elecciones en 1886. El notario de Jumilla Manuel Redondo levantó acta del resultado, pero los progresistas le acusaron de pucherazo. Seguramente, Redondo sería partidario del Barón y de Cánovas, y compartía el caciquismo de la época. Tres progresistas, Ermelando Albert, Emiciano Palazón y Pedro Azuar, fueron a protestar al notario, y luego publicaron un artículo jocoso e insultante en El Pandero, el periódico local de Jumilla, donde decían que no podían fiarse del notario. El señor Redondo se enfadó con ellos y les acusó por injurias ante los tribunales. Traemos a este blog los artículos en El Diario de Murcia de 30 de marzo (fotos A y B) y de 31 de marzo de 1887 (foto C) que cuentan ese juicio por injurias en la Audiencia de Murcia.
Como dice El Diario de Murcia, es bastante raro que entiendan los tribunales de justicia de estas cuestiones de injurias. Por lo general, "tal clase de asuntos se transigen o cristianamente, reconciliándose ofendido y ofensor, o bárbaramente, de cualquier manera de las conocidas, con padrinos o a garrotazos". Pero el caso es que el ofendido notario no podía permitir que dijeran en El Pandero que él no era honesto, y los señores Albert, Palazón y Azuar tuvieron que defenderse y mantener que las elecciones no habían sido limpias y que el notario había mentido.
Uno de estos políticos progresistas, Ermelando (o Hermelando) Albert Albert, había sido perseguido por la justicia unos años antes, en 1876, debido a supuestas estafas en el Ayuntamiento de Pinoso. Probablemente, Albert fuera alcalde de Pinoso durante la Primera República, y en 1876, cuando comenzaba la Restauración, el juzgado de primera instancia de Monóvar lo buscó para pedirle cuentas por su gestión en Pinoso. Pero la sorpresa en mi investigación fue que, para juzgar al amigo Hermelando, citaron a José María Martínez Iñiguez a declarar (Gaceta de Madrid, 27 diciembre 1876). Es evidente que Iñiguez era colega de Albert. Cuando el juzgado lo cita es porque pensaban que estaba al tanto de las andanzas de éste, de lo que se deduce que Iñiguez era de la misma cuerda política en Jumilla que Albert, Palazón y Azuar, los progresistas demandados por el notario en 1887. Probablemente Iñiguez, que sería mayor que ellos, ya no estaba en vida en este momento. La última noticia que tenemos de él es de 1877 cuando se encontraba en Hellín.
Para completar este descubrimiento, es importante comprender que el periódico El Pandero, donde tenían influencia esos progresistas, llevó a cabo una importante labor denunciando los abusos políticos. Eran los primeros pasos de la democracia en nuestro país, y la situación era muy diferente a la actual, pero aquel periódico fue un adelantado de la labor crítica de la prensa. Sirvan de ejemplo estas dos denuncias sobre la explotación de los espartos y sobre el desarrollo urbanístico de Jumilla reproducidas en El Diario de Murcia de 24 de marzo y 5 de mayo de 1886.
Por último, hay que destacar que el famoso Ermelando Albert siguió su activismo político de protesta hasta mucho después, como demuestra otra citación judicial, esta vez del juzgado de primera instancia de Yecla de 1897, por injurias al Gobernador civil.
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viernes, 14 de diciembre de 2018
viernes, 30 de noviembre de 2018
Vino y política en Jumilla a finales del XIX
Debemos estar orgullosos de nuestra historia. Las bodegas de Jumilla exportan hoy a todo el mundo con presencia en nuevos mercados, como Estados Unidos o China. Pero empezamos a exportar hace más de un siglo. En los años 1880, el vino de Jumilla se vendía ya en importantes plazas, como Francia. La plaga de filoxera, iniciada en el país vecino en 1868, hizo que los agricultores y bodegueros de Jumilla impulsaran la venta allí.
Hay que pensar lo complicado que era entonces el transporte del vino: toda una aventura. El único medio de transporte por tierra eran los carros de caballerías (por esto se pedía el ferrocarril en 1895, entrada anterior), y era frecuente el envío por mar. El tren solo llegó en 1905, lo que permitió poner el vino en los puertos de Alicante y Gandía, para conducirlo a diversos destinos. Uno de estos destinos era el puerto de Rouen (en la fotografía) en el norte de Francia y cerca de París. El envío desde Jumilla tardaba un mes.
Un documento que explica este comercio con Francia es la carta enviada por Diego Cerezo, un jumillano en París, al periódico local El Pandero, que reprodujo el Diario de Murcia el 28 de abril de 1887. En este texto se afirma que la calidad del vino de Jumilla era reconocida en el mercado francés, donde se pagaba a 42 o 43 francos el hectolitro, más que otros vinos españoles o italianos. Esto lleva a recomendar a los bodegueros jumillanos que envíen sus existencias a París porque se venderán bien.
Los bodegueros y agricultores seguían haciendo su trabajo con independencia de la política. Al final de la entrada anterior, donde se relataba una asamblea de la Cámara Agrícola en 1895, se dice que España estaba dividida entre tradicionalistas y progresistas. Otra división muy fuerte era entre federalistas y centralistas. La Primera República de 1873, liderada por Francisco Pi y Margall, había dado lugar al levantamiento cantonal en Murcia, Cartagena y al Cantón de Jumilla, que se declaró también independiente. Por tanto, es seguro que en Jumilla había personajes favorables a la república y al federalismo, aunque no los conocemos tanto como a los conservadores. En mi edición de la novela Crimen, venganza y expiación (1863), comenté que probablemente su autor, José María Martínez Iñiguez, era el opositor republicano y cantonalista al Barón del Solar, que era el jefe del partido tradicionalista y centralista en Jumilla.
El episodio del Cantón de Jumilla quedó grabado en las mentes y en los debates políticos de la época. Esto se aprecia en el segundo documento que traemos hoy como curiosidad histórica. Años después de la Primera República, Pi y Margall (1824-1901) seguía en la política como líder del Partido Federal, escribiendo panfletos que pedían la vuelta de la república y la descentralización extrema. Pi y Margall decía algo parecido a lo que han dicho los independentistas catalanes: "España nos roba". Para evitar el expolio desde Madrid, según él, era preciso que los distintos pueblos de España se hicieran independientes, y buscaran el desarrollo por su cuenta. Lo mismo que se alegaba a finales del XIX ha sido alegado a comienzos del siglo XXI por los independentistas. Lean el siguiente texto. Nada nuevo bajo el sol.
En respuesta a uno de esos panfletos, periódicos como El Globo o El Bien Público (2 de abril de 1886) publicaron comentarios (en la imagen) que criticaban duramente a Pi y Margall. En estas críticas, se decía que su federalismo haría resurgir los cantones que habían fracasado en la Primera República, y ponía como ejemplo al Cantón de Jumilla, desde el cual "sus nobles habitantes habían declarado que querían mantener amistosas relaciones con todas las potencias, salvo con los extranjeros de Murcia". Tal fue la fama de nuestros antepasados, tan nobles como buenos empresarios, tan atrevidos como valientes .
Hay que pensar lo complicado que era entonces el transporte del vino: toda una aventura. El único medio de transporte por tierra eran los carros de caballerías (por esto se pedía el ferrocarril en 1895, entrada anterior), y era frecuente el envío por mar. El tren solo llegó en 1905, lo que permitió poner el vino en los puertos de Alicante y Gandía, para conducirlo a diversos destinos. Uno de estos destinos era el puerto de Rouen (en la fotografía) en el norte de Francia y cerca de París. El envío desde Jumilla tardaba un mes.
Un documento que explica este comercio con Francia es la carta enviada por Diego Cerezo, un jumillano en París, al periódico local El Pandero, que reprodujo el Diario de Murcia el 28 de abril de 1887. En este texto se afirma que la calidad del vino de Jumilla era reconocida en el mercado francés, donde se pagaba a 42 o 43 francos el hectolitro, más que otros vinos españoles o italianos. Esto lleva a recomendar a los bodegueros jumillanos que envíen sus existencias a París porque se venderán bien.
Los bodegueros y agricultores seguían haciendo su trabajo con independencia de la política. Al final de la entrada anterior, donde se relataba una asamblea de la Cámara Agrícola en 1895, se dice que España estaba dividida entre tradicionalistas y progresistas. Otra división muy fuerte era entre federalistas y centralistas. La Primera República de 1873, liderada por Francisco Pi y Margall, había dado lugar al levantamiento cantonal en Murcia, Cartagena y al Cantón de Jumilla, que se declaró también independiente. Por tanto, es seguro que en Jumilla había personajes favorables a la república y al federalismo, aunque no los conocemos tanto como a los conservadores. En mi edición de la novela Crimen, venganza y expiación (1863), comenté que probablemente su autor, José María Martínez Iñiguez, era el opositor republicano y cantonalista al Barón del Solar, que era el jefe del partido tradicionalista y centralista en Jumilla.
El episodio del Cantón de Jumilla quedó grabado en las mentes y en los debates políticos de la época. Esto se aprecia en el segundo documento que traemos hoy como curiosidad histórica. Años después de la Primera República, Pi y Margall (1824-1901) seguía en la política como líder del Partido Federal, escribiendo panfletos que pedían la vuelta de la república y la descentralización extrema. Pi y Margall decía algo parecido a lo que han dicho los independentistas catalanes: "España nos roba". Para evitar el expolio desde Madrid, según él, era preciso que los distintos pueblos de España se hicieran independientes, y buscaran el desarrollo por su cuenta. Lo mismo que se alegaba a finales del XIX ha sido alegado a comienzos del siglo XXI por los independentistas. Lean el siguiente texto. Nada nuevo bajo el sol.
En respuesta a uno de esos panfletos, periódicos como El Globo o El Bien Público (2 de abril de 1886) publicaron comentarios (en la imagen) que criticaban duramente a Pi y Margall. En estas críticas, se decía que su federalismo haría resurgir los cantones que habían fracasado en la Primera República, y ponía como ejemplo al Cantón de Jumilla, desde el cual "sus nobles habitantes habían declarado que querían mantener amistosas relaciones con todas las potencias, salvo con los extranjeros de Murcia". Tal fue la fama de nuestros antepasados, tan nobles como buenos empresarios, tan atrevidos como valientes .
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