viernes, 30 de noviembre de 2018

Vino y política en Jumilla a finales del XIX

Debemos estar orgullosos de nuestra historia.  Las bodegas de Jumilla exportan hoy a todo el mundo con presencia en nuevos mercados, como Estados Unidos o China. Pero empezamos a exportar hace más de un siglo. En los años 1880, el vino de Jumilla se vendía ya en importantes plazas, como Francia. La plaga de filoxera, iniciada en el país vecino en 1868, hizo que los agricultores y bodegueros de Jumilla impulsaran la venta allí. 

Hay que pensar lo complicado que era entonces el transporte del vino: toda una aventura. El único medio de transporte por tierra eran los carros de caballerías (por esto se pedía el ferrocarril en 1895, entrada anterior), y era frecuente el envío por mar. El tren solo llegó en 1905, lo que permitió poner el vino en los puertos de Alicante y Gandía, para conducirlo a diversos destinos. Uno de estos destinos era el puerto de Rouen (en la fotografía) en el norte de Francia y cerca de París. El envío desde Jumilla tardaba un mes. 

Un documento que explica este comercio con Francia es la carta enviada por Diego Cerezo, un jumillano en París, al periódico local El Pandero, que reprodujo el Diario de Murcia el 28 de abril de 1887. En este texto se afirma que la calidad del vino de Jumilla era reconocida en el mercado francés, donde se pagaba a 42 o 43 francos el hectolitro, más que otros vinos españoles o italianos. Esto lleva a recomendar a los bodegueros jumillanos que envíen sus existencias a París porque se venderán bien.






Los bodegueros y agricultores seguían haciendo su trabajo con independencia de la política. Al final de la entrada anterior, donde se relataba una asamblea de la Cámara Agrícola en 1895, se dice que España estaba dividida entre tradicionalistas y progresistas. Otra división muy fuerte era entre federalistas y centralistas. La Primera República de 1873, liderada por Francisco Pi y Margall, había dado lugar al levantamiento cantonal en Murcia, Cartagena y al Cantón de Jumilla, que se declaró también independiente. Por tanto, es seguro que en Jumilla había personajes favorables a la república y al federalismo, aunque no los conocemos tanto como a los conservadores. En mi edición de la novela Crimen, venganza y expiación (1863), comenté que probablemente su autor, José María Martínez Iñiguez, era el opositor republicano y cantonalista al Barón del Solar, que era el jefe del partido tradicionalista y centralista en Jumilla.

El episodio del Cantón de Jumilla quedó grabado en las mentes y en los debates políticos de la época. Esto se aprecia en el segundo documento que traemos hoy como curiosidad histórica. Años después de la Primera República, Pi y Margall (1824-1901) seguía en la política como líder del Partido Federal, escribiendo panfletos que pedían la vuelta de la república y la descentralización extrema. Pi y Margall decía algo parecido a lo que han dicho los independentistas catalanes: "España nos roba". Para evitar el expolio desde Madrid, según él, era preciso que los distintos pueblos de España se hicieran independientes, y buscaran el desarrollo por su cuenta. Lo mismo que se alegaba a finales del XIX ha sido alegado a comienzos del siglo XXI por los independentistas. Lean el siguiente texto. Nada nuevo bajo el sol.




En respuesta a uno de esos panfletos, periódicos como El Globo o El Bien Público (2 de abril de 1886) publicaron comentarios (en la imagen) que criticaban duramente a Pi y Margall. En estas críticas, se decía que su federalismo haría resurgir los cantones que habían fracasado en la Primera República, y ponía como ejemplo al Cantón de Jumilla, desde el cual "sus nobles habitantes habían declarado que querían mantener amistosas relaciones con todas las potencias, salvo con los extranjeros de Murcia". Tal fue la fama de nuestros antepasados, tan nobles como buenos empresarios, tan atrevidos como valientes .

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El vino de Jumilla se moviliza en 1895


Los agricultores y bodegueros de Jumilla organizaron una importante asamblea en 1895, en el recién inaugurado Teatro Vico, en la que participaron representantes de pueblos cercanos y numerosos políticos y periodistas, para defender la producción de vino contra las medidas del gobierno. La junta extraordinaria tuvo lugar el 28 de abril de 1895, y la crónica fue publicada en El Correo Español el 2 de mayo de ese año. La crónica que reproducimos hoy, firmada por Sirvio, es un texto ameno y de gusto literario, que explica perfectamente el ambiente que se respiró en aquella asamblea.

El Teatro Vico, inaugurado apenas doce años antes en 1883, estaba repleto. La reunión demostraba el poder de convocatoria de la Cámara Agrícola de Jumilla, ya que asistieron representantes de Yecla, Villena, Aspe, Sax, Pinoso y otros pueblos de la “región murciano-alicantina”. El activismo de los elaboradores de vino de Jumilla buscaba proteger la agricultura, la supresión del impuesto de consumo sobre los vinos, un mejor trato a la industria de alcoholes, y la creación de ferrocarriles para transporte de los productos agrícolas y en especial el vino. La movilización de Jumilla seguía las que se estaban produciendo en otras comarcas vinícolas, como Tarazona, Calatayud, Reus y Cariñena.

Es el momento en que la elaboración del vino en Jumilla comenzó a tener una gran importancia económica debido a la plaga de filoxera en otras regiones, que se había iniciado en Francia en 1868. Los productores franceses y de otros lugares llegaron a Jumilla, donde la cepa monastrell era resistente a la plaga, y comenzaron a dinamizar y modernizar la industria del vino. La reunión demuestra la temprana potencia de Jumilla en el mundo del vino. Merece la pena leer el artículo.


Esta parte del texto explica la movilización:

"La Cámara Agrícola de esta villa, siempre animada de laudables sentimientos por todo aquello que puede hacer en beneficio de la Agricultura e inspirándose siempre en los fines de su institución, concibió el laudable pensamiento de celebrar una reunión extraordinaria en el Teatro de la localidad, invitando al efecto a los pueblos de la región murciano-alicantina, diputados y senadores de estas comarcas, ateneos y círculos, prensa y grandes hombres de todos los partidos y al pueblo entero, que como un solo hombre concurrió a adherirse a los acuerdos que en ella se tomaron y a protestar con todas sus fuerzas y energías del ominoso yugo que los oprime y amenaza privarles de la vida."

Entre los oradores, se cita a Antonio Carpena, notario de la villa que actuaba como Presidente de la Cámara Agrícola, Casimiro Jiménez, el abogado Albano Martínez, el médico Roque Martínez, y el profesor de primera enseñanza José Martínez Martí. Reproducimos una parte del impresionante discurso de Albano Martínez, que despertó una fuerte ovación entre el público asistente:

"A nadie ha de extrañar este cariñoso abrazo, esta corriente de simpatías que se establece de pueblo a pueblo, de ciudad a ciudad. Las nupcias de Alicante y Murcia, que bendijera la naturaleza en el Mediodía, tendiendo sobre los desposados ese manto de verdura, bordado de flores y frutos, cuajado de azahar, vino a consagrarla en trabajo humano… poniendo sobre sus hombros un cordón púrpura que al principio fue un hilo de espumoso vino y después se convirtió en río de roja sangre que enturbian hoy nuestros sudores de muerte y nuestras amargas lágrimas."


En una entrada anterior del blog Yumiella Cultura vimos cómo la Cámara Agrícola defendió los montes públicos de Jumilla en 1894. Esta asamblea de 1895 demuestra que la misma Cámara estuvo muy activa también para defender la viña y el vino. Pero la historia no termina aquí. Más adelante, la Cámara Agrícola se empleó a fondo cuando, tras la Guerra de Cuba y la pérdida de las últimas colonias españolas en el desastre de 1898, los gobiernos de turno quisieron gravar con más impuestos la agricultura y el vino. La Cámara Agrícola de Jumilla se movió de nuevo para evitar esos impuestos, que eran demasiado rigurosos, como explica el historiador Vicente Montojo en este trabajo en Murgetana número 124 de 2011. Montojo subraya que la Cámara de Jumilla es uno de los casos más notables de asociacionismo cívico en la Región de Murcia.


La actividad incansable de agricultores, bodegueros y empresarios de Jumilla consiguió progresos importantes en aquella época. Para los agricultores y para las bodegas era fundamental sacar sus productos al puerto de Alicante o, mejor incluso al de Gandía. Su insistencia permitió llevar el ferrocarril hasta Jumilla. Unos años antes había sido completada la línea férrea Villena – Yecla, y el 29 de enero de 1905 se inauguró la línea Yecla – Jumilla, que permitía transportar el vino a los puertos del Mediterráneo. Unos años después, en 1910 se inauguraba la Estación Enológica, que confirmaba la importancia de la industria del vino en Jumilla. Pero sobre esta época traeremos nuevos datos históricos más adelante.

En fin, volviendo a la reunión de 1895, en las últimas líneas del artículo, el periodista pide perdón por dar su opinión sobre la política del momento, que no tiene nada que ver con la asamblea que relata. Esta opinión refleja la situación política tensa que se vivía en aquella España de finales del XIX. El periodista se declara tradicionalista, y también carlista, pero hay que recordar que al mismo tiempo estaban surgiendo importantes fuerzas políticas y sociales de izquierdas, y esa fuerte división va a conducir después al choque tremendo que se vivió en el primer tercio del siglo XX. Afortunadamente, en la etapa democrática actual, hemos aprendido a convivir en paz sin importar el origen de cada uno, las preferencias culturales, o las convicciones políticas, construyendo un país avanzado plenamente integrado en la Unión Europea.

martes, 6 de noviembre de 2018

La defensa de los montes públicos de Jumilla


A finales del siglo XIX la Cámara Agrícola de Jumilla estuvo muy activa debido a dos asuntos fundamentales. Primero, el reconocimiento de los montes comunales para evitar que fueran vendidos. Segundo, la defensa del cultivo de la vid y de la producción de vino. En esta entrada vamos a tratar la cuestión de los montes públicos, y en la siguiente hablaremos del vino.

La ley de desamortización de Madoz de 1855 había obligado a vender los bienes del Estado, de los municipios y de las corporaciones religiosas. Esta fue posterior a la desamortización de Mendizábal, pero tuvo efectos mayores. Frente a la posible subasta de sus bienes, el Ayuntamiento de Jumilla y la Cámara Agrícola se movilizaron para evitar que los montes comunales fueran vendidos.

Tras le ley de Madoz, en 1859 se hizo un catálogo de los montes de Murcia. El historiador Cayetano Espejo Marín, en un estudio publicado en Murgetana en 1991, concluyó que las mayores extensiones correspondían a Caravaca (64.000 hectáreas), Jumilla (41.000 hectáreas), seguidos de Lorca, Mula y Yecla (27.000 hectáreas). Por tanto, Jumilla tenía una superficie muy considerable de monte público.

En los años siguientes, otros municipios decidieron vender sus montes. Pero Jumilla resistió para asegurar una titularidad pública que se ha continuado hasta hoy. Esto refleja la carta de octubre de 1894 que traemos hoy a este blog como curiosidad histórica. La Cámara Agrícola de Jumilla envió esta carta al Ministro de Hacienda para conseguir que los montes públicos fueran exceptuados de la venta por desamortización. Esta excepción había sido conseguida por Antonio Cánovas del Castillo y plasmada en la Real Orden de 26 de noviembre de 1892. Pero los intereses de algunos desaprensivos que querían hacerse con los montes llevaron a incluir 26 parcelas de montes de Jumilla en la lista de subastas publicadas en el boletín oficial de la provincia de Murcia. Por este motivo, la Cámara Agrícola protestaba al Ministro y pedía que esas parcelas no se vendieran.


La carta enviada al Ministro fue reproducida por el periódico El País, que la publicó en su número de 4 de noviembre de 1894. Aquel periódico se definía entonces como “diario republicano progresista” y estaba dirigido por Alejandro Lerroux, quien después tendría un papel en la Segunda República. Al publicar la carta, el periódico apoyaba la petición de Jumilla.



En su carta, la Cámara Agrícola de Jumilla recuerda la “cesión de todo su término municipal como procomunal” por el Rey Pedro I, lo que fue confirmado por “Don Fernando y Doña Isabel los Católicos”, títulos honrosos que, dice, existen en el archivo municipal. “Tan firme e indiscutible ha considerado siempre este pueblo el derecho a la posesión de sus montes, que en cuantas ocasiones las órdenes emanadas del poder central lo han puesto en tela de juicio, se han interpuesto por los Ayuntamientos a la sazón los correspondientes recursos”. Hay que considerar que los montes eran una riqueza “del común de los vecinos de este pueblo”, como dice la carta, porque se aprovechaban el esparto, la madera, la caza, y muchos otros usos posibles.

La resistencia de Jumilla a través de los siglos ha hecho que hoy sea uno de los municipios de España con una de las extensiones más grandes de riqueza forestal. Hoy podemos disfrutar de este privilegio natural, que se integra con nuestra agricultura, en una época en la que el medio ambiente está cada vez más atacado.

En cambio, otros municipios decidieron vender grandes parcelas de sus montes en el siglo XIX, como imponían las leyes de aquel tiempo. Este fue el caso de Yecla, relatado en este interesante artículo de Francisco José Carpena Chinchilla, publicado por ANIDA (http://anidayecla.blogspot.com/) Asociación Naturalista para Investigación y Defensa del Altiplano en 2006. Muchos montes comunales de Yecla fueron subastados entre 1868 y 1914, pero el proceso estuvo lleno de polémica y de reuniones tensas en el Ayuntamiento, como cuenta el artículo. Posiblemente, un resultado de aquella diferencia sea que, entre los montes de interés público de la Región de Murcia en la actualidad (mapa al comienzo de esta entrada del blog), se aprecian varias superficies importantes en el término de Jumilla, destacando el Carche con la Raja, la Sierra Larga con Santa Ana, y el Molar (y Buey, Cingla y Gavilanes al norte), pero no hay tantos espacios de esa calificación en Caravaca, Moratalla o Yecla, aunque sus montes son de una gran belleza.



miércoles, 31 de octubre de 2018

El Prendimiento y La pasión de Jesús


Entre curiosidades antiguas interesantes, hay que mencionar el libro La Pasión de Jesús, de Antonio Altadill (Madrid, 1855). A partir de esta obra, se compuso El Prendimiento, el drama sacro que se representa en la extraordinaria Semana Santa de Jumilla, en la Plaza Arriba el día de Miércoles Santo. A las escenas seleccionadas, se añadieron los parlamentos de Lucifer, escritos por José María Martínez Iñiguez.

La Pasión de Jesús es una obra de teatro en seis jornadas (115 páginas), con muchos personajes, como se ve en la lista reproducida aquí. Esta obra fue estrenada en Valencia en 1855 con música del maestro Luis Cepeda. Tal y como sugiero en la introducción de la novela Crimen, venganza y expiación (1863) de José María Martínez Iñiguez, es posible que el propio Iñiguez (que seguramente estudiaba Derecho en Valencia) trajera La Pasión de Jesús a Jumilla, y adaptara la obra para hacer nuestro Prendimiento. Iñiguez escribió el papel del demonio, lo representó al comienzo, y solamente pudo introducir esta innovación en la obra sacra si quienes celebraban la Semana Santa en aquel tiempo y el grupo de actores que puso en pie los primeros Prendimientos aceptaban su liderazgo. Es curioso constatar que se ha perdido la memoria de una figura que tuvo una intervención tan importante en la Semana Santa de Jumilla.



En el texto original de La Pasión de Jesús, Lucifer aparece solo brevemente con cuatro versos en la página 59 justo cuando Judas se ahorca, y entonces se abren los infiernos y un coro de demonios recita ocho versos para recibir al traidor. Sobre esta base mínima, Martínez Iñiguez introdujo a un Lucifer protagonista, con largos parlamentos que comienzan con el famoso “¡Mundo atención! Ronca estalla del príncipe del averno la voz que al orbe avasalla. Hoy se libra una batalla entre el cielo y el infierno.” Todas las expresiones del demonio en nuestro Prendimiento son muy similares a las que aparecen en la novela de Martínez Iñiguez, por lo que la autoría está confirmada.


Además, otro aspecto importante de nuestra Semana Santa, la entrada de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos, es una escenificación tomada de La Pasión de Jesús de Antonio Altadill. El poema recitado por Jesús sobre la burrica está tomado de las páginas 12 y 13 de la obra, como se ve en estas fotografías. Quienes comenzaron el Prendimiento en Jumilla, sacaron esta escena de la obra de Altadill para introducirla en la procesión de Ramos.



martes, 23 de octubre de 2018

La leyenda del Rey Pedro I y el castillo de Jumilla

Buscando información sobre la novela Crimen, venganza y expiación, encontré en el periódico La Época de 7 de septiembre de 1896, un texto literario que cuenta la leyenda del Rey Pedro I el Cruel, donde Jumilla juega un papel relevante en la guerra entre el Rey y su hermanastro Enrique.

Se trata de la novela Men Rodríguez de Sanabria, un bonito relato de gusto medieval publicado anteriormente en Madrid en 1855, por el autor sevillano Manuel Fernández y González. El periódico La Época reprodujo capítulos de este relato, como era frecuente en la prensa de la época, y la gente seguía aquellas entregas como hoy se siguen las series o los programas de televisión. Los relatos medievales estaban de moda entonces, desde Ivanhoe (Walter Scott, 1820), y Hernani (Victor Hugo, 1830, una pieza teatral sobre el medievo español), dos obras de mucho éxito.

La novela Men Rodríguez de Sanabria (memorias del tiempo del Rey don Pedro el Cruel) cuenta la historia de un valiente capitán de Pedro I, con algunas imágenes tenebrosas, que reconocerá enseguida quien haya disfrutado de las aventuras del Capitán Trueno. El nombre de Men es claramente de origen godo (como "hombre" en alemán, inglés y sueco). En lengua española tenemos palabras de origen germánico, como Burgos (misma raíz de Estrasburgo, Hamburgo), feudal, y nombres como Federico y Rodrigo (de ahí viene el apellido de Men, nuestro intrépido capitán).



El primer fragmento recogido aquí es el comienzo del capítulo VI, Traición contra traición. En la España de aquel tiempo se vivían tres guerras simultáneas. El Rey Pedro I luchaba contra su hermanastro Enrique, que luego llegaría a ser Rey con el título de Enrique II. Al mismo tiempo Pedro I de Castilla luchaba contra Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso, en La Guerra de los Dos Pedros. En esas guerras el castillo de Jumilla jugó un papel importante porque se encontraba en la frontera. Además, tanto Castilla como Aragón continuaban sus disputas con los territorios musulmanes de Andalucía, siguiendo una expansión que había sido espectacular bajo los antecesores Jaime I el Conquistador, Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio.

En el punto reseñado de la novela, el infante de Aragón Fernando, marqués de Tortosa, envía desde Jumilla una carta fechada en 1358, a Fadrique Alfonso de Castilla, hermano de Enrique, diciendo que el alcalde de Jumilla se ha rebelado contra el Rey don Pedro. Los aragoneses ayudaban así a Enrique en su lucha fratricida contra Pedro. Pero tras varios pulsos, Jumilla quedó del lado del Rey don Pedro. Como es sabido, fue Pedro I de Castilla quien concedió un amplio término municipal a Jumilla y los montes comunales, y tanto el Rey Enrique II, que sucedió a Pedro, como posteriores, confirmaron aquella concesión de Pedro I, por la que Jumilla siempre ha estado tan agradecida.


En esta magnífica lámina, se ve a nuestro héroe velando sus armas. La novela Men Rodríguez de Sanabria cita Jumilla al menos en las páginas 127, 128, 176, 177, 183, 202 y 239 del original. El relato es leyenda, mito, amores, caballeros, donde desfilan Juan sin Diente, la sensual Leila, y el judío don Simuel. Pura aventura. La novela puede leerse en esta entrada de la Biblioteca Nacional. Para la Historia de verdad, hay dos episodios muy interesantes por lo que respecta a Jumilla medieval. Uno anterior: la conquista para Alfonso X por el Infante don Fadrique, estudiado en este artículo de Alfonso Antolí en Murgetana número 88, 1994. Y el que relata la novela: la vida del Rey don Pedro, que ha sido muchas veces fabulada, como explica este artículo de Rebeca Sanmartín en la Revista de Literatura del CSIC, 2003.

miércoles, 17 de octubre de 2018

La romería de Santa Cecilia en 1880

Investigando sobre Jumilla en el siglo XIX, a propósito de la novela Crimen, venganza y expiación de José María Martínez Iñiguez, he encontrado algunas noticias interesantes en la prensa de la época.

Seguramente algunos expertos conozcan ya estas noticias, pero me ha parecido interesante presentarlas en este medio, que busca la promoción de la cultura. En esta entrada y en otras se irán publicando estas noticias para mayor conocimiento general.

Hoy ofrezco la noticia sobre la romería de Santa Cecilia, aparecida en La Ilustración Española y Americana del 30 de mayo de 1880. Esta romería tuvo lugar a principios de aquel mes de mayo, y el periódico de Madrid dio noticia del evento a través de la comunicación de D. Emilio Vilomara desde Jumilla. En su carta, Vilomara incluyó una fotografía que La Ilustración transformó en grabado, reproducido más abajo.

En la novela Crimen, venganza y expiación (1863) se dice que "tres o cuatro veces al año" la imagen de la Abuela Santa Ana salía en romería (página 260 de mi edición). Además existía la romería de Santa Cecilia, que se describe en esta noticia, y que también tiene lugar en el monte de Santa Ana. La Nueva Asociación Musical de Jumilla organizó el evento, que sin duda tendría el propósito de hacer un homenaje a la música.

Esto quiere decir dos cosas. Los jumillanos eran muy aficionados a este tipo de celebraciones y a festejar todo en Santa Ana. (Cabría añadir que la costumbre de las fiestas populares y el paseo hacia el monte continúa hasta la actualidad). En segundo lugar, la noticia demuestra igualmente que la pasión de Jumilla por la música viene de lejos. La Asociación musical dio "una serenata la noche de la romería" y seguro iría tocando desde Santiago a la montaña, y a la vuelta. La tradición musical sigue en pie hoy en día, con dos magníficas bandas y tantos buenos músicos y compositores.


Texto del artículo de La Ilustración Española y Americana, 30 mayo 1880:

JUMILLA (MURCIA): FIESTAS DE LA ROMERÍA DE SANTA CECILIA

Jumilla, una de las principales poblaciones de la provincia de Murcia, ha celebrado en los días 8 y 9 del actual (mes de mayo 1880) su animada romería al Monasterio de Santa Ana, célebre porque en él habitaron muchos años San Pascual Bailón y el beato Andrés Ybernón, a quien se venera en una capilla de la catedral de Murcia.
A las dos de la tarde del día 8 fue conducida en procesión desde Jumilla al referido monasterio la imagen de Santa Cecilia, en cuyo honor se celebraba la romería, cantándose solemnes vísperas con acompañamiento de armónium. Por la noche se quemaron vistosos fuegos artificiales, concluyendo el programa de aquel día con una serenata dada por la Nueva Asociación Musical de Jumilla, organizadora de los festejos.
Al día siguiente hubo gran función religiosa en Santa Ana, comida a los pobres, y procesión en los alrededores del monasterio. Después fue restituida la imagen a la parroquial de Santiago, en medio de un numeroso gentío, que aclamaba a la Santa y a la Sociedad musical, que tan satisfactoriamente supo llenar su cometido.
Según nos escribe el Sr. D. Emilio Vilomara, a cuya atención debemos la fotografía que reproducimos en la página 349, la animación en los dos días ha sido grandísima, el orden completo, y general la satisfacción con que el honrado vecindario de Jumilla ha celebrado esta fiesta, a un tiempo religiosa y artística.



Grabado que reproduce la foto de la romería de Santa Cecilia ante el Convento de Santa Ana, 1880.


lunes, 10 de septiembre de 2018

Cultura en Jumilla: avanzar en la misma dirección

La iniciativa Yumiella Cultura quiere apoyar las diversas manifestaciones y actividades culturales que se producen en la ciudad de Jumilla y su entorno. Se trata de un espacio geográfico con mucha personalidad, con un rico pasado, y con un gran potencial para la innovación.

El 28 de junio pasado, Martín Ortega Carcelén publicó este artículo de Opinión en el periódico Siete Días. En este texto se propone reforzar esas actividades culturales, y seguir creando sobre la base de las tradiciones.

Remar en la misma dirección
Publicado en Siete Días Jumilla
28 junio 2018

El artículo de Vicente Cutillas publicado en Siete Días la semana pasada contiene varias imprecisiones. Para empezar, me atribuye ideas que no he tenido y palabras que nunca he dicho. Siete Días publicó una entrevista el día 31 de mayo sobre la novela Crimen, venganza y expiación. La primera pregunta era sobre el hallazgo de la novela, y mi respuesta fue que el descubridor había sido Antonio Verdú, quien había dado noticia de su existencia en el Libro de Semana Santa de 1999, y esto lo repito en la introducción del libro. Por tanto, difícilmente puede alguien atribuirme la idea de que yo soy su descubridor. Vicente Cutillas escribe también que existe una edición del libro de 1923. Esto no es cierto. No existe ninguna edición más que la original de 1863. Vicente hace una traducción extraña de la página de internet que él mismo cita, donde se dice “book published before 1923” (libro publicado antes de 1923). Es difícil creer que un filólogo se refiera a una edición inexistente de un libro antiguo. En tercer lugar, Vicente afirma que el libro puede comprarse en Amazon por el precio de 30,69 euros. A estas alturas, en la época de las fake news (o noticias falsas), no es bueno creer todo lo que aparece en internet. Basta una exploración rápida para comprobar que el libro no está disponible en su versión papel. En los últimos meses, aparte de esa oferta sin contenido de Amazon, también vi alguna empresa que, desde India, ofrecía el libro en internet al precio de 1.120 euros. Como los bibliófilos saben, estas empresas se dedican a ofrecer todos los títulos antiguos posibles a un precio desorbitado y, si aparece un comprador, entonces buscan el libro en el país, lo compran por mucho menos y lo revenden, haciendo el agosto. Más allá de esto, el propósito de Vicente Cutillas no está claro porque en sus artículos se ha limitado a copiar entre comillas los trabajos anteriores de otros, sin decir nada nuevo sobre el libro en cuestión.
            La entrevista que publicó Siete Días hablaba de la novela, pero había otro aspecto más importante que no debe pasar desapercibido. En mis respuestas dije que Jumilla tenía una rica vida cultural. Jumilla es una potencia agrícola y su industria agroalimentaria, comenzando por la producción de vinos de gran calidad, es puntera. El talento y el trabajo de grandes empresarios y de mucha gente sacrificada han hecho que Jumilla cuente más en la escena nacional e internacional de lo que su tamaño o su población dan a entender. Esto se dice en inglés “punch above his weight”, golpear por encima de su peso. Lo mismo ocurre con el deporte, donde hemos destacado tanto en fútbol sala como en el campeonato de Liga, donde el Jumilla C.F. ha obtenido una magnífica permanencia en la Segunda División B. En aspectos culturales, contamos con un monumento histórico extraordinario como la iglesia de Santiago, y un estupendo Museo Municipal con sus secciones de Arqueología, y de Etnografía y Ciencias Naturales, ambas de primer nivel. El Teatro Vico organiza una impresionante temporada de actuaciones en campos muy variados, desde la música (donde contamos con dos bandas excelentes), al teatro, el cine o numerosas expresiones artísticas de todo tipo. En los últimos años se han consolidado importantes medios de comunicación escritos, de radio y televisión. El foco cultural de Jumilla sigue siendo la imponente Semana Santa, que cada año se supera a sí misma, y la Feria del Vino DO Jumilla y la Fiesta de la Vendimia ejercen gran atractivo para jóvenes y turistas. Además, durante todo el año se producen en las calles manifestaciones sociales, deportivas y tradicionales.
            Todos debemos sentirnos orgullosos de estas expresiones culturales, y todos debemos remar en la misma dirección para hacer que sean cada vez de mayor calidad. Es lógico que existan discrepancias, pues estas forman parte de nuestro carácter apasionado y mediterráneo, pero tales divergencias no deben impedir progresar. En perspectiva histórica, con diferentes partidos políticos y con diferentes personalidades tirando de las empresas, los deportes, la música, y las procesiones, la cultura en Jumilla ha seguido avanzando.
            El panorama cultural de Jumilla se enriquece ahora con la figura de un hijo olvidado del siglo XIX: José María Martínez Iñiguez, quien escribió una notable novela que debemos recuperar. Una ciudad no elige a sus hijos, e Iñiguez es un hijo tremendamente interesante pero complicado, y es de esperar que a partir de ahora surjan estudios sobre su vida y su obra. Lo importante es situarlo en el panteón de nuestras personalidades ilustres. Resulta sorprendente que, tras su mención en el Libro de Semana Santa de 1999, la novela haya seguido postergada. Recuperarla es una tarea colectiva, una riqueza que todos podemos disfrutar. Decir “yo la vi primero” es más bien infantil, sobre todo cuando la historia del descubrimiento está muy clara. Lo importante no es quién, sino la calidad de un magnífico hallazgo, que marcará una diferencia con otras ciudades que no tienen un novelista igual.
Jumilla cuenta con un gran potencial en aspectos relacionados con la cultura moderna, la gastronomía, la industria del vino y agrícola, el enoturismo, o la producción musical y artística. Somos una tierra que produce genios, como Roque Baños, antes Lorenzo Guardiola, y antes Martínez Iñiguez o el canónigo Lozano. Aplaudamos estos valores, disfrutemos de sus creaciones, mejoremos este patrimonio, trabajando todos en la misma dirección.